lunes, 4 de marzo de 2013

Porque claro, aquí una se cree muy independiente, no te jode. Es facil ser independiente cuando sabes que tienes un lugar al que volver, la constante. Es fácil decir que eres una despegada de la vida, tener conversaciones superfluas sobre lo jodido que va a ser todo cuando ves el futuro acechar, pero pensar que a las malas siempre estará el lugar donde has sido feliz al que evitas tratar de volver.
Una cria de mierda con aires de grandeza. Tranquilamente.

viernes, 11 de enero de 2013

Porque se supone que son el tipo de personas que no juzgan, aconsejan. No les defraudas, se desilusionan contigo. No les tienes que consolar por tus propios errores.

Imagino que es mucho suponer.

martes, 8 de enero de 2013

miércoles, 26 de diciembre de 2012

Puta

Dejar de pensar tanto en los defectos de uno y hacerlos palpables, convertir en fortalezas las debilidades.

Y poder dormir.

martes, 6 de noviembre de 2012

Serán los cambios, que gustan pero asustan demasiado. No querer terminar, dejar atrás, volver a empezar. Parece que no se me da del todo mal, aunque quizás los anteriores los busqué yo activamente y este es el que toca por imposición. Buscar una nueva meta, encontrar una nueva vida, intentar que no sea tan nueva buscando... ¿a quién? Los 16, los 19, los 22... Elegir por imposición y acabar donde empezaste. Irá bien, pero será por mérito propio, para variar. Irá bien... ¿Irá? Algún día se me irá de las manos y se me reflejará en los ojos, habrá que tener cuidado.

viernes, 20 de enero de 2012

Sin estrés

Tanta prisa para acabar llegando al mismo sitio.

Pasito a pasito.





(...qué huevona soy)

sábado, 12 de noviembre de 2011

Se amontonan en forma de cajas, se van ordenando con post-its y etiquetas para identificarlas rápidamente y se colocan de forma cronológica. Y ahí se quedan, preparadas para emergencias.

Se abren si es necesario, o si algo te invita a ello. Y sí, puedes abrirlas todas a la vez, intentar no mezclar y revisarlo de forma ordenada, pero quizás llegue un momento en que tengas demasiadas abiertas. Que te olvides de cómo cerrarlas. Que no sepas si te lo van a permitir.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Revértigo

Supongo que lo que cansa no es empezar una nueva etapa, es saber que va a terminar, finalizarlas.

La chorrada de la metáfora del corazón ha calado hondo en la sociedad, y últimamente hasta creo que me duele el pecho, como si lo tuviese hecho añicos. Me lo imagino en fragmentos chiquititos que se van reduciendo a cada despedida. Creo que soy demasiado joven para haber vivido tantas, y no sé si es bueno o malo. Y no sé si llegaré a acostumbrarme alguna vez, aunque mi modo de vida ideal lo requiera, lo que me plantea cómo de ideal será.

Esa noche mi mente bloqueó algo, estoy convencida. Pasé de llorar 4 o 5 veces al día a no inmutarme. Creo que mi cuerpo dijo “basta ya” porque no está preparado para vivir una depresión. Pero el muro que se creó, aunque sirvió por unos días, no es tan sólido como esperaba. En realidad creo que son simples grietas. El revértigo que dirían en cómo conocí a vuestra madre. Que de repente te encuentras con una persona y te apetece comportarte como eras cuando la conociste, te apetece tener 16 otra vez. Y luego aparece otra y quieres tener 18. 21. Supongo que será una buena forma de mantener el espíritu joven, o al menos eso espero.

También, en mi dureza, a veces me pregunto si soy la única que echa tanto de menos. Si soy la única para la que todo esto ha sido tan importante. Porqué nadie dice nada, nadie hace nada para reencontrarse. Porque llevo 3 años sin ver a las que fueron mis mejores amigas en primero de carrera. A la que fue mi mejor amiga durante 4 años, en 5 años la he visto una vez. Y yo lo intento, lo prometo. Y me da miedo ser la única que intenta conservar las amistades. Porque no puedo con todas y me niego a elegir, y las acabo perdiendo sin remedio. Y no quiero. Y no tengo hueco para tantas. Supongo que eso en realidad es bueno. Pero son grietas en esa metáfora que es el corazón. Y yo no estoy tan segura de haber dejado ninguna marca. Si no me llamarían, ¿no?

Lo bueno de tener pareja es esa confianza que tanto me echaba en cara. “¿En serio estás dispuesta a perder esta confianza?”. En serio. Y claro, llega un día que estás más rayada de lo normal y no sabes a quien contárselo. No sabes quién te va a dar el consejo que esperas escuchar, o a quien le va a apetecer escuchar la historia entera aunque ni le vaya ni le venga.

Menos mal que siempre quedan los de siempre. Los que sabes que van a estar ahí, sí o sí. Porque por mucho que rehúya, que reniegue y todo lo que quieras, soy de Alicante y mi casa, la fija, está aquí. Sí, ciudadana del mundo, pero mi punto fijo, el de partida, el de descanso, está aquí, aunque no sea mi favorito. Supongo que a veces viene bien recordarlo. Me da miedo no cuidarlo lo suficiente. Lo tengo tan seguro que hay veces que lo desprecio, e intento cultivar más otras amistades que sé que si no se pueden perder. No puedo hacerlo todo bien.

"Yo me siento prisionero de mi gente y mi amistad", me dijeron una vez, citando a Albertucho. Le tuve que compadecer, porque supongo que yo tuve suerte, y en mi caso no es una prisión, ni mucho menos, más bien diría que es algo así como un chalet de veraneo. Por eso aprecio que, aunque cada vez que venga me esté quejando de qué asco de ciudad, tenéis que ir a nosedonde, lo bien que estaba yo allá, etcétera, vosotras sigáis ahí. No sé, en realidad creo que no os valoro lo suficiente, porque sois mi familia, y a la familia no se la elige, aparece, sin más, y te demuestra que vale la pena volver al hogar, que vale la pena tener 16 un ratito más.