jueves, 26 de abril de 2012

Nuestro propio mundo

Primero el colegio, el instituto, la universidad. Lo único que buscas es aprobar, terminar. Y después, ¿qué?

Poco a poco lo vas entendiendo. Mientras todo eso ocurre, estás viviendo. Te escapas de la realidad, sonríes y recuerdas el motivo de todo.

Me han llamado la mujer más feliz de la tierra. Por los genes, por supuesto. Porque de repente te encuentras en un viaje sin sentido, con personas que apenas conoces, sin rumbo definido, en una volkswagen antigua modificada para ser un hogar con ruedas. Y consigues una familia más. Sonríes y te dicen que bajes de la nube. Todavía no.

Pasan los días viendo verde y azul por la ventana, las noches con la sisha y la guitarra. No te lo crees, porque nada tiene sentido, no hay un objetivo concreto.

Supísimo, que dirían por allí, ana, raptor, inmaculada y alma sensible, jesús maría, rammstein y fresas, el truco que si no funciona no es truco, pero tío, el paraíso está cerca, si hace sol es el sur, ver en directo lo que viste en una diapositiva la semana anterior, libertad, un mundo paralelo, el nuestro...


Claro que no tiene sentido, nada lo tiene. Lo único importante al fin y al cabo es vivirlo, vivir, sobrevivir para luego poder descubrir la felicidad. Al fin y al cabo, no es tan difícil.

viernes, 20 de enero de 2012

Sin estrés

Tanta prisa para acabar llegando al mismo sitio.

Pasito a pasito.





(...qué huevona soy)

sábado, 12 de noviembre de 2011

Se amontonan en forma de cajas, se van ordenando con post-its y etiquetas para identificarlas rápidamente y se colocan de forma cronológica. Y ahí se quedan, preparadas para emergencias.

Se abren si es necesario, o si algo te invita a ello. Y sí, puedes abrirlas todas a la vez, intentar no mezclar y revisarlo de forma ordenada, pero quizás llegue un momento en que tengas demasiadas abiertas. Que te olvides de cómo cerrarlas. Que no sepas si te lo van a permitir.

miércoles, 24 de agosto de 2011

Revértigo

Supongo que lo que cansa no es empezar una nueva etapa, es saber que va a terminar, finalizarlas.

La chorrada de la metáfora del corazón ha calado hondo en la sociedad, y últimamente hasta creo que me duele el pecho, como si lo tuviese hecho añicos. Me lo imagino en fragmentos chiquititos que se van reduciendo a cada despedida. Creo que soy demasiado joven para haber vivido tantas, y no sé si es bueno o malo. Y no sé si llegaré a acostumbrarme alguna vez, aunque mi modo de vida ideal lo requiera, lo que me plantea cómo de ideal será.

Esa noche mi mente bloqueó algo, estoy convencida. Pasé de llorar 4 o 5 veces al día a no inmutarme. Creo que mi cuerpo dijo “basta ya” porque no está preparado para vivir una depresión. Pero el muro que se creó, aunque sirvió por unos días, no es tan sólido como esperaba. En realidad creo que son simples grietas. El revértigo que dirían en cómo conocí a vuestra madre. Que de repente te encuentras con una persona y te apetece comportarte como eras cuando la conociste, te apetece tener 16 otra vez. Y luego aparece otra y quieres tener 18. 21. Supongo que será una buena forma de mantener el espíritu joven, o al menos eso espero.

También, en mi dureza, a veces me pregunto si soy la única que echa tanto de menos. Si soy la única para la que todo esto ha sido tan importante. Porqué nadie dice nada, nadie hace nada para reencontrarse. Porque llevo 3 años sin ver a las que fueron mis mejores amigas en primero de carrera. A la que fue mi mejor amiga durante 4 años, en 5 años la he visto una vez. Y yo lo intento, lo prometo. Y me da miedo ser la única que intenta conservar las amistades. Porque no puedo con todas y me niego a elegir, y las acabo perdiendo sin remedio. Y no quiero. Y no tengo hueco para tantas. Supongo que eso en realidad es bueno. Pero son grietas en esa metáfora que es el corazón. Y yo no estoy tan segura de haber dejado ninguna marca. Si no me llamarían, ¿no?

Lo bueno de tener pareja es esa confianza que tanto me echaba en cara. “¿En serio estás dispuesta a perder esta confianza?”. En serio. Y claro, llega un día que estás más rayada de lo normal y no sabes a quien contárselo. No sabes quién te va a dar el consejo que esperas escuchar, o a quien le va a apetecer escuchar la historia entera aunque ni le vaya ni le venga.

Menos mal que siempre quedan los de siempre. Los que sabes que van a estar ahí, sí o sí. Porque por mucho que rehúya, que reniegue y todo lo que quieras, soy de Alicante y mi casa, la fija, está aquí. Sí, ciudadana del mundo, pero mi punto fijo, el de partida, el de descanso, está aquí, aunque no sea mi favorito. Supongo que a veces viene bien recordarlo. Me da miedo no cuidarlo lo suficiente. Lo tengo tan seguro que hay veces que lo desprecio, e intento cultivar más otras amistades que sé que si no se pueden perder. No puedo hacerlo todo bien.

"Yo me siento prisionero de mi gente y mi amistad", me dijeron una vez, citando a Albertucho. Le tuve que compadecer, porque supongo que yo tuve suerte, y en mi caso no es una prisión, ni mucho menos, más bien diría que es algo así como un chalet de veraneo. Por eso aprecio que, aunque cada vez que venga me esté quejando de qué asco de ciudad, tenéis que ir a nosedonde, lo bien que estaba yo allá, etcétera, vosotras sigáis ahí. No sé, en realidad creo que no os valoro lo suficiente, porque sois mi familia, y a la familia no se la elige, aparece, sin más, y te demuestra que vale la pena volver al hogar, que vale la pena tener 16 un ratito más.

miércoles, 3 de agosto de 2011

Despedidas

Es gracioso ver a tantas personas evitando el simple "good bye" y acabando con un "see you".

Porque nunca sabes cuando será la última vez que veas a una persona.

Y porque nos tenemos que autoconvencer con el "no llores porque terminó, sonrie porque sucedió".

lunes, 1 de agosto de 2011

Fase de negación

Lo dejo todo para el último momento, pero es que no puedo. No quiero.

Las paredes blancas me están matando y no soy capaz de seguir empaquetando. Quien me iba a decir a mi en octubre, con mi "pánico", que iba a estar igual 9 meses después.

Pánico al golpe de realidad.

lunes, 20 de junio de 2011

Algo así como vivir una revolución desde el exilio (resumen)

Yo soñaba con Mayo del 68, y coreaba sus lemas siempre que podía. Y era Mayo, del 2011, 15 exactamente, y la gente sin mucha esperanza empezó a salir a la calle. Yo, sin demasiado interés, empecé a seguir las noticias. La gente, extrañada, empezó a mirar a su alrededor. Yo, intrigada, empecé a compartir opiniones.

Estamos indignados. Todos. Y no lo sabíamos porque nos daba miedo decirlo.

“Que no nos da la gana irnos a Alemania con un título que nos habéis pagado vosotros”, decían los de Sevilla, y yo desde Alemania no pude más que decir “Emigrar es un derecho, no una obligación”.

“Si no nos dejáis soñar, no os dejaremos dormir”, y duermen allí. Y dejan de hacerlo. Y se siguen quejando aún después de que todo parezca azul.

Que rabia no estar allí. Sentimiento compartido con quienes hablé en Berlin. Y con alguno de Cottbus con los que me fui para allí.

Mi familia orgullosa me toma por revolucionaria.

La gente debate y se informa, el mass media no es capaz de ignorarlos, en Barcelona les dan de palos y nadie es capaz de encontrar a los heridos entre los Mossos gracias a la resistencia pacífica, a que todos levantan las manos y gritan “no a la violencia”. En Madrid no hemos vuelto a ganar el mundial y parece que hay hasta más gente.

Dejo de hablar con asco de mi país. Dejo esa repugnancia y ese pasotismo en mi tono de voz a un lado. Lo reservo solo a la mayoría de los políticos. Porque la gente en las calles, los indignados, me ha demostrado que las cosas cambian y pueden cambiar. Y han de seguir cambiando. Nos hemos demostrado a nosotros mismos que no estamos solos, ni locos, que no nos representan, que el pueblo somos nosotros, y que aunque no nos lo quieran dejar creer no somos tontos.

15M, 19J y todos los días entre medias de gente reuniéndose a debatir, de personas que no saben de qué va la cosa pero curiosas preguntan en los bares. De medios de comunicación manipulados que no han conseguido ponernos en contra de nosotros mismos.

De esperanza para un país que yo al menos daba por perdido.

Gracias.

Algo así como vivir una revolución desde el exilio (versión completa)

Todo empezó el 15M. Yo estaba aquí, tan tranquila en Cottbus, una ciudad a menos de dos horas de Berlin, siendo consciente de que había convocada una manifestación popular en mi país.

Como antecedentes pongamos que en una manifestación alemana a la que fuí empezaron a gritar “No pasarán”, y luego una griega me dijo “El pueblo unido jamás será vencido” y empecé a pesar que joder, las manifestaciones en España a lo largo de la historia han conseguido ser ejemplo para otros países y dejar huella.

Iba siguiendo las noticias, como de costumbre, sin demasiada esperanza ni interés, cuando empecé a leer en las redes sociales comentarios de “impresionante, nunca había visto tanta gente” y similares. Me empecé a emocionar, y vi videos de prácticamente todas las ciudades de España que se habían manifestado. No quería perderme nada.

Saludé a un amigo con un “¿qué tal fue la manifestación?” y cuando me dijo que no había ido, que esos son movimientos que tan rápido surgen como se desvanecen, tuve una buena discusión.

La gente de repente empieza a hablar, y te das cuenta de que todos estamos hartos de lo mismo, pero por miedo a no ser admitidos en la sociedad nadie lo decía en voz lo suficientemente alta. "Cuatro gatos los cojones", dicen por ahí.

Y de repente uno grita “¡pues yo estoy hasta la polla! ¡Me quedo aquí hasta que me hagan caso!”. Y yo, desde Alemania, veo el vídeo de como unos cuantos deciden quedarse en Sol acampados. Y a la noche siguiente veo como los desalojan mientras ese grupo de no más de 50 personas levanta las manos y grita “no la violencia” (vídeo). Y me vuelvo a emocionar.

Se habla de #spanishrevolution y me río. Y nos reímos hasta que nos tomaron en serio y fue real.

Sol se empieza a desbordar. No puedo despegarme del twitter, de menéame, de Facebook, de youtube. Y mi amigo, el escéptico, me dice “joder, la que se está liando”. Y puedo decirle el típico “te lo dije” que siempre sienta tan bien.

Salen noticias de manifestaciones en Londres. Sale un video de Amsterdam. Empiezo a preguntar. ¿Hay algo en Berlin? Por favor, yo también quiero colaborar.

Encuentro un grupo en Facebook. Una amiga sevillana, motivada por los vídeos de su ciudad con lemas de “limpiamos coches con nuestro diploma de la universidad”, “canal sur no está aquí porque no estamos haciendo botellón” o “que no me da la gana de irme a Alemania a trabajar con una formación que me habéis pagado todos vosotros” (vídeo), está tan motivada como yo. Empezamos a presionar.

Quedamos en que deberíamos hacer manifestación ese mismo jueves, ya que la embajada está abierta (el domingo son elecciones). Mierda, encontramos otro grupo en Facebook, después de tanto discutir, que ya había organizado algo para el sábado. A la mierda, que sea ambos. Todos estamos igual, queremos salir a la calle. Vamos.

Motivadísimos, yo, mi amiga sevillana y otro amigo de Granada compramos para hacer camisetas y pancartas. Llega el jueves, llegamos a la embajada y todo son discusiones de organización. Todo muy civilizado, eso sí. Pero yo venía a gritar. Unas 200 personas pasan por allí.

Un alemán llega y nos dice que hay una manifestación organizada a las 20h por el grupo “Echte Demokratie jetz” (Democracia real ya). Tras ver nuestra pancarta y nuestro material para hacer más nos dicen que nos podemos unir a la comisión de manifestación. Allí deciden que el color que nos va a representar es el amarillo, el de nuestras camisetas y nuestra pancarta, el de sol. Terminamos de semi-organizarnos y nos vamos a Brandemburger Tor. Nos graban y salimos en unos cuantos telediarios. Nos desaloja la policía cuando ya estábamos terminando porque no estaba organizado. Creo que simplemente se habían cansado de estar bajo la lluvia.

Mi madre me llama y me dice que mi abuela no para de presumir de nieta porque la ha visto en televisión. No quepo en mí, lo admito.

Es sábado, a un día de las elecciones. El día anterior les he tenido que explicar a un par de españolas porqué eran las protestas. Tiene huevos, pero al menos me han escuchado. La manifestación de Berlin está organizada. Yo me voy con mexicanos, españolas y griegos. Unas 1000 personas dicen, aunque no me lo termine de creer, la más multitudinaria de Europa (sin contar España, por supuesto). El lema de “otro Mayo es posible” me emociona. Queremos gritar lemas en alemán, para que nos entiendan. Uno de tantos es el de “Wir sind das Volk”, nosotros somos el pueblo, el lema que llevaban las protestas que finalmente derribaron el muro de Berlin cuando, tras un error de Günter Schabowski, la gente a ambos lados terminó gritando “Wir sind ein Volk”, nosotros somos UN pueblo. Y el muro cayó. Esa historia siempre me ha emocionado.

Un venezolano llega y me dice “joder, pues sí que hay gente, deberíais ver cómo es la democracia en Venezuela antes de quejaros tanto”. “Si las cosas se hacen mal no vamos a esperar a que empeoren para empezar a quejarnos cuando ya no haya solución”.

La organización de Sol es impresionante, y veo el mapa del resto de manifestaciones. A mi abuela le dicen que he salido a mi abuelo, que estuvo en las revueltas de Madrid, y yo no puedo más que emocionarme. Quiero llorar, por primera vez en mi vida estoy orgullosa de mi país. Y ni siquiera puedo estar allí, a ver como coronan la plaza de l’ajuntament como plaça del 15 de Maig o ver como en Granada discuten sobre si tienen los mismos problemas que en Madrid o qué. O estar a las 00h en Sol el día de reflexión. Ese vídeo me sigue poniendo los pelos de punta, cómo terminan el silencio con un “El pueblo unido jamás será vencido”.

Elecciones. Las críticas empiezan a surgir. Intereconomía hace unos cuantos chistes que me pregunto si alguien se creerá. Decepción total al verlo todo azul. Qué poco me ha durado el patriotismo, digo. Joder, que soy de la Comunidad Valenciana, que tuve que madrugar, tomar un tren en un viaje de dos horas, perderme en el parque donde está la embajada española, hacer cola, volver, esperar la carta y mandarla como certificada para poder votar, y que vaya luego y salga el gilipollas de Camps. Yo me quedo en Alemania, esta gente es subnormal, son los pensamientos que empiezan a rondar por mi cabeza.

Y a los dos días me voy a una asamblea en Berlin. Discuten sobre el resultado de las elecciones y el consenso de mínimos que quiere adoptar Sol. Yo ya sé que la ley electoral es injusta, pero nunca está de más escucharlo con estadísticas. Y de repente, el que lo está explicando dice que en C. Valenciana el PP ha obtenido menos votos que las elecciones pasadas. ¿Seguro? Sí. Y un rayito de esperanza vuelve a iluminar mi cerebro. En cuanto vuelvo busco las estadísticas y efectivamente, casi 70.000 votos menos y un escaño más. Y aun así me da esperanza, y lo empiezo a publicar.

Otra manifestación, esta vez con menos gente en Alexanderplatz. Hacemos corro y quien quiera que hable por el micrófono. Viene un chico de Libia, que se encarga de corear lemas en las manifestaciones. Empieza diciendo que todos nos manifestamos por lo mismo y que debemos estar unidos. Que la única diferencia es que la gente que sale a manifestarse en su país sabe que arriesga la vida. Terminamos gritando “für die internationale Solidarität”.

Me preguntan que porqué voy tanto a Berlin. Cómo explicar que necesito estar en contacto con esa realidad tan utópica. Hay problemas con las páginas de internet y siempre me entero de las asambleas tarde y mal. Pero de vez en cuando me conecto a twitter, que por muy raro que parezca me mantiene en contacto con la realidad. Con esa realidad. La revolución se escribe con hashtag, dicen.

Barcelona. Els Mossos consiguen que salgamos en los telediarios de todo el mundo. Me acuerdo del libanés que nos decía que nosotros al menos no corríamos peligro. Dejo de ver videos, me ponen enferma. Me voy a Berlin, la embajada está llena de fotos, flores y velas. Mi amiga se ríe porque no entiende lo de las manos en alto. Al menos está allí, luego se lo explico.

Antes de que acabe mayo me quiero tatuar, y al final lo consigo el 31. Mayo del 68 siempre fue un ejemplo para mí, y vivir el mayo de 2011, aunque sea desde la distancia, me emociona. Al principio iba a significar las ideas que tenía cuando me fui de mi ciudad natal, a estas alturas simboliza que 4 años después las sigo teniendo, y de paso, que en España se están extendiendo también. Y ya puestos, que la erasmus, aunque en este post equivalga al exilio, mola, para qué nos vamos a engañar.

Me quieren como “invitada especial” en un tándem en Cottbus para que cuente la situación. Están flipaos, como si yo entendiese de Economía, simplemente me he tragado millones de videos y fotos y unas cuantas noticias. Una griega me dice que ese tándem debería ser en inglés en vez de en español, que ella se quiere enterar, que quizás podríamos hablar con algún profesor de economía para que nos haga una charla sobre la situación europea y demás. Gente con ansia de información. Me cuenta como están las cosas por Atenas y que hay un cartel gigante con un “No pasarán”. Madrid fue ejemplo de resistencia al fascismo. Hizo historia. Y la está volviendo a hacer.

19J. Manifestación convocada en toda España y buena parte del resto del mundo. Yo busco mi cita en Berlin. Mi madre me dice que va a ir a Alicante porque “indignada es poco”. En Cottbus hay festival de culturas y todos mis amigos están de fiesta. Me dicen que porqué me voy, que no me vaya, “me tengo que ir”. Si no, no me sentiría a gusto conmigo misma, la verdad. Llego, llueve, aunque se ve que ha llovido más. Encuentro gente buscando la manifestación. Pero no la encontramos. Llaman. Se ha acabado. Me hundo, pero sigo encontrando gente buscándola, que se han paseado por buena parte de Berlin. Era a las 17h y les diluvió. Son las 19h y están en un café. Me quejo un rato de la mala difusión, de que vengo de Cottbus. “Eso es motivación”, me dicen. Supongo. Al menos me voy a por mi bien merecida cerveza al café. Debato un rato con unos españoles, luego con unos griegos y un danés. Vuelvo. Salgo un rato. Un italiano me pregunta que cómo van las cosas. Compara situaciones y me dice que lo que no entiende es porqué la gente en Italia no hace lo mismo que los españoles. Que la situación es la misma. Yo sólo le puedo decir que simplemente espero que en España todo esto siga.

Me conecto a internet y me voy directa a twitter. “Los indignados rompen todas las previsiones”.

Serán las hormonas, será el patriotismo encontrado o será simplemente la emoción, pero me hacéis llorar. Y sólo puedo deciros que gracias, de todo corazón, por hacer que recobre la fe en mi país. Y en la humanidad. Por volver a creer que no es utopía. Por no tener ese tono de asco cada vez que hablo de política. Por volver a pensar que la gente no es tan egoísta como se piensa. Por poder comprobar el pacifismo y la no violencia.

Porque yo ya estaba despierta, pero no me atrevía a compartir y ya lo habéis hecho vosotros por mí.

Y porque esto no ha hecho más que empezar.